Eva se convirtió en serpiente (II Parte)

Nos buscamos en otros, como aquellos que se buscan a si mismos en lo ajeno, sin quererse encontrar, entre fragmentos vencidos, nuestra fecha de caducidad y polvo de estrellas.

En los rincones minúsculos de tu vientre y el mío. Entre arritmia y silencios secos de habitación, con plazo límite de tres horas, desembolsando billeteras y alimentándonos de vino y esperanzas fugaces.

Recolectando tu aroma entremezclado con el mío, para contar las noches que vienen antes de volverte a ver.

Esta vez ya no habrán amaneceres, son solo un eco distante, cadáver de todo aquello que como creyentes algún día, confundimos por amor. Buscándome a mi misma desesperadamente entre ceniza, comisuras, tu mirada y la pared. Entre suspiros y agitación.

Es este pequeño abismo en lo que fuimos a parar vos y yo, yo y vos: nosotros, aunque todo eso ya no existe. Me pierdo y me encuentro deslizándome desesperada y estúpidamente entre tus brazos.

Índice y dactilar me erizan la curvatura de la espalda hasta que da miedo. Entre reflejos y aroma de ayeres y hoy. Asesinando el recuerdo para minutos después hacerlo revivir. Victimas eternas de la insaciable búsqueda de encontrar, sin saber lo que se estaba buscando y volverlo a perder.

Imagen: "Ancestral" de Beatriz Concha.

Imagen: “Ancestral” de Beatriz Concha.

Escrito por: Marianna Araya M.

Estudiante de Periodismo de la Universidad San Judas Tadeo.

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